La calidad educativa en Entornos Virtuales del Aprendizaje

 La educación constituye uno de los factores determinantes para el desarrollo social, por ende, muchos de los planes estratégicos del estado dedican esfuerzos y presupuestos para priorizarla dentro de sus actividades en la búsqueda de hacer de ella un proceso abarcador y eficiente. En el ámbito educativo los conceptos de calidad la ubican en diferentes espacios: la excelencia del sistema, la efectividad del proceso, los resultados académicos positivos y el buen impacto social (Fainholc, 2004).



Hoy en día se ofertan gran cantidad de cursos, diplomados y programas a distancia, sin embargo, no todos responden o contribuyen a propiciar un desarrollo humano y social, ya sea por su baja calidad o por no coincidir con las necesidades de la población a la que va dirigida.



Hay un aumento exponencial tanto en las universidades y entidades diversas que ofrecen este servicio educativo, como en el número de usuarios. Sin embargo es necesario que los programas que emergen y/o continúan en la oferta de esta modalidad, sean de calidad para seguir avanzando en la confiabilidad y acreditación de la educación a distancia virtual y en el posicionamiento que ésta ha ganado en los diversos niveles educativos.



La educación a distancia tiene grandes desafíos, entre ellos, contribuir a la construcción de la noción de la educación como un elemento de toda la vida y como un bien social de primera necesidad para el desarrollo en las personas y las instituciones. Para alcanzar lo anterior, los programas que actualmente se ofrecen a distancia deben de ser evaluados para garantizar los objetivos y el desarrollo de las competencias planeadas y consolidar la modalidad.



Actualmente existe un debate entre los diferentes criterios para medir la calidad en la educación presencial y la educación virtual. Existen algunas posturas que afirman que la calidad de la educación institucionalizada no depende de la modalidad educativa, sino que deberá manifestarse en su impacto y trascendencia en el mejoramiento de las condiciones de vida y convivencia (Moreno, 2007). 

Otras posiciones establecen que a pesar de que los resultados son esenciales en la evaluación de la calidad, es necesario establecer criterios e indicadores en los diferentes procesos los cuales están condicionados por otros factores como el personal académico, el currículum, el apoyo a los estudiantes, los recursos de información y conocimiento, las estrategias y las evaluaciones (Cantón, 2011).



Resulta indispensable iniciar reconociendo que en la historia de la Educación a Distancia existe un estigma que la posicionó como una segunda alternativa, de menor calidad, a la educación convencional, es por ello que la duda en su calidad es todavía un lastre con el que debe lidiar. 

En mi trayectoria educativa he escuchado demasiadas críticas de personas que le restan mérito a la educación virtual y a distancia, y comentarios tan absurdos que hay quienes afirman que al no acudir a un aula de manera presencial no deberíamos poder ejercer o al menos no como las personas que acuden de manera presencial, ya que según ellos nosotros tenemos todo más fácil.



Como Ingeniera Industrial que soy, habiendo estudiado en UNIENS (Universidad de Ensenada) de manera presencial, puedo decir que para estudiar en una modalidad virtual se requiere de mucho más compromiso, organización de tiempo, ser más autodidacta, etc., mientras que en la modalidad presencial tienes al maestro frente a ti para resolver cualquier duda o dificultad que pudiera surgir al instante, lo cual de alguna manera facilita el aprendizaje. Cada universidad tiene sus fortalezas y debilidades, sin embargo, no creo de ninguna manera que la calidad educativa esté únicamente relacionada a un aula presencial. 

Es lamentable que todavía exista la creencia de que las metodologías no presenciales son modalidades “de segunda clase”. 



 Actualmente, la educación virtual puede ofrecerse desde cualquier lugar ya que no precisa recintos ni aulas. Sus escenarios no presenciales recrean los ambientes propicios para la adquisición del conocimiento y el desarrollo de habilidades a través de la instrucción e información mediatizada, utilizando todas las tecnologías y otras formas de aprendizaje a distancia (Manrique, 2009).


Muchos docentes desconocen que ser asesores de cursos en línea requiere de una mayor dedicación y tiempo en la atención y seguimiento en los procesos de aprendizaje, dado el carácter casi personalizado de los mismos, resultando en la incorporación a programas a distancia, de profesores sin una capacitación específica en la modalidad y con bajos desempeños como facilitadores. En consecuencia, los procesos educativos no siempre cumplen con los estándares de calidad. Aquí es donde se vuelve necesario establecer un sistema de indicadores de calidad que permita, tanto a los suministradores como a usuarios, contar con la garantía de un respaldo calificado que defina sus estándares en cualquier modalidad que utilice la virtualidad como medio de convergencia para gestar el conocimiento.



A la par del desarrollo de la educación virtual, como alternativa de la educación tradicional, han proliferado también las concepciones de la calidad de esta modalidad de educación, al igual que metodologías para evaluarlas y sistemas para garantizar su gestión, mantenimiento y mejoramiento permanente. Este interés por la calidad y la proliferación de concepciones y proyectos para evaluarla y administrarla es relativamente nueva en el campo educativo, pues antiguamente, la educación superior se movía en un ambiente relativamente "plácido", sin competencia organizacional, que contrasta con el actual ambiente altamente competitivo, dinámico y hasta turbulento en el cual se desenvuelve actualmente la educación superior (Silvio, 1999).


Normalmente, la calidad se determinaba en función de necesidades satisfechas por parte del usuario real o potencial de un bien, producto o servicio. En el viejo paradigma educativo, la calidad implicaba prácticamente a dos actores: el profesor (quién tramsitía conocimiento) y el estudiante (quién recibía y reproducía conocimiento). Al modificarse el rol del profesor de transmisor a facilitador y creador de condiciones para producir aprendizaje y el del estudiante de receptor a agente participativo y constructor de su propio conocimiento, hay nuevas variables y nuevos actores implicados, lo cual hace más compleja la evaluación y gestión de la calidad de la educación. No se trata sólo de satisfacer las necesidades, expectativas y aspiraciones del estudiante como usuario final de la educación y los conocimientos que de ella se derivan, sino a toda una gama de actores y organizaciones que participan en ese proceso y se benefician o perjudican según se obtenga o no una educación de calidad. 



Estos son 5 criterios que deberían considerarse para la calidad de un Entorno Virtual del Aprendizaje:


  • Orientación hacia la población objetivo 

  • Diseño del Programa o curso 

  • Tecnología y Evaluación

  • La facilidad de asimilación

  • Resultados del desarrollo de las personas



Para concluir, podemos afirmar que la calidad en los ambientes virtuales de aprendizaje está determinada en gran medida por la estructura y funcionalidad del diseño instruccional. 

Para poder ofrecer una educación de calidad es muy importante tomar en cuenta cada uno de estos factores, tanto el diseño instruccional como el espacio propicio para detonar la capacidad del docente de tomar las mejores decisiones para la planificación de un curso, siempre tomando en cuenta las condiciones socioeducativas del proyecto en que se encuentra, el perfil de los estudiantes al que va dirigido y los recursos disponibles tanto en el espacio institucional del profesor como en el espacio personal del estudiante.


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